lunes, 5 de diciembre de 2016

Campaña de Omertà (X): Guerra en las calles

Nueva entrega de las correrías de los chicos de la Avenida Dropsie (segundo de la nueva temporada), y sin duda uno de los momentos más duros que han tenido que vivir los personajes desde que empezamos a jugar a Omertà. Si quieres juzgar por ti mismo y leer el resto de capítulos de la campaña, puedes hacerlo aquí.

AVISO: si vas a jugar la campaña "Por los viejos tiempos", que acompaña la pantalla de Omertà, te recomiendo que no sigas leyendo. Lo que se relata a continuación bebe en parte de algunos hechos que allí se narran.

Miércoles, 13 de marzo.

Parece que el amanecer trae algo de tranquilidad a la Avenida Dropsie tras la tensa noche pasada, pero nuestros chicos no se duermen en los laureles y se preparan para acabar de una vez por todas con el problema de la banda de la Calle Edmonton. Para ello es condición indispensable hablar con Malone, a quien invitan a tomar un café en el Ojos Azules. Donny alegra la taza del polizonte con un buen chorro de bourbon: «Me vendrá bien: hacer la ronda con este frío es una jodienda».

El Afortunado anuncia a Malone que la banda va a ampliar sus territorios a la Calle Edmonton, pero éste prefiere no conocer los detalles. Se limita a decirles que mientras él saque su tajada poco le importa lo que hagan, si bien le aconseja que no hagan mucho ruido o no podrá mantener al margen a los policías de la comisaría central.

Tras despedir a Malone, el Afortunado hace una llamada a Piero, uno de los hombres de la Familia Panepinto, para comer con él y preguntarle por el Largo, el asesino de Terremoto. Nada más colgar el auricular, Milo entra corriendo en el bar y grita: «¡Pelea en la puerta de la barbería! ¡Venid, rápido!». Hacia allá salen a toda velocidad el Afortunado y Buonanotte, que apenas tienen tiempo para decirle a Donny que avise a los demás muchachos. Éste les sigue hasta la calle, donde grita algunas órdenes a los miembros de la banda que están por allí.


Buonanotte dejando las cosas claras
Al entrar en la Calle Taylor, el Afortunado y Buonanotte ven cómo dos chicos de Milo están enzarzados en una pelea con otros dos tipos, que parecen ser de la Calle Edmonton. En pocos momentos se forma una gran pelea a la que se unen varios chicos de la Avenida Dropsie, de la Calle Taylor y también de la Calle Edmonton. El Martillo hace honor a su apodo y pronto deja fuera de combate a varios de los atacantes, que finalmente, gracias también a la superioridad numérica, pronto son neutralizados. 

Poco dura la alegría de la victoria, ya que alguien llega corriendo desde la Avenida Dropsie y da la mala noticia: ¡el Ojos Azules está en llamas! Todos corren hacia allí mientras los chicos de la Calle Edmonton son recluidos en la trastienda de la barbería.

Al llegar, las llamas salen violentas por la cristalera rota del bar. Se oyen gritos de vecinos que piden que alguien llame a los bomberos. Al parecer, Donny sigue dentro. El Labios, que estaba vigilando, explica brevemente lo ocurrido: dos tipos, probablemente de la Calle Edmonton, rompieron los cristales con un ladrillo y a continuación lanzaron un par de cócteles molotov al interior del local. Él intentó repeler el ataque disparándoles, pero no lo logró. Eso sí, cree haber herido a uno de ellos. En ese instante la puerta del bar se abre, dejando salir una enorme nube de humo tras la que surge Donny, con la ropa humeante y el rostro tiznado por el humo. Cae de rodillas ante su negocio, llorando de impotencia. Fundido a negro.

Cuatro son los tipos de la Calle Edmonton que están retenidos en la barbería. El Afortunado, Buonanotte y el Alambres, que han pagado a Leo Gavini para que les deje el local durante unas horas, los interrogan. No se muestran muy cooperativos, pero uno de ellos, el mismo que fue más desafiante cuando Matty Ferrara se llevó un puñetazo de Buonanotte a la puerta de la barbería, sigue con su actitud altiva. Se niega a contar nada y escupe sobre el zapato del boxeador, quien se quita con calma la chaqueta, se remanga la camisa y empieza a propinarle una paliza que le deja moribundo. Ante tal violencia, uno de los chicos de la Calle Edmonton se ablanda y decide cooperar.


Fabio Ginese
Mickey Dinaro, pues así se llama este joven, afirma que la culpa de todo la tiene Fabio Ginese, primo de Matty Ferrara llegado de Chicago hace un par de meses. Parece ser que Fabio convenció a Matty de que podían hacer cosas grandes en el barrio y le convenció para intentar extender su área de influencia a la Calle Taylor, empezando por la barbería de Leo Gavini. La idea de quemar el Ojos Azules, no obstante, fue de Matty, que quería tanto vengarse de los chicos de la Avenida Dropsie por haberle dejado en ridículo (Buonanotte le noqueó con un único puñetazo en plena calle) como ajustar viejas cuentas con Donny. Fabio le apoyó; no así tres miembros de la banda, que se oponían a actuar de esa manera contra los chicos de la Avenida. Creían que era un bocado demasiado grande para la banda. Aunque al principio se muestra reticente, Mickey da al Alambres la dirección de uno de ellos para que confirme la historia.

Mickey cuenta una cosa más con tal de salir con vida y evitar que le pase nada a su famillia: al parecer Fabio vino de Chicago huyendo de ciertos problemas con la banda del mismísimo Al Capone. Esta información seguro que resulta valiosa para los chicos de la Avenida, ya que podría ayudarles a ganar puntos ante la Familia Panepinto, si comparten con ellos la historia de Fabio, o ante el propio Capone.

¿Qué hacer? Mientras uno de sus hombres vigila a los prisioneros en la trastienda, el resto del grupo discute en la barbería qué hacer. El Afortunado se muestra cauteloso, mientras que Buonanotte dice que ha llegado el momento de dejarse de chiquitas y de pensar a lo grande. El consejo del Alambres ayuda a tomar la decisión: buscarán a Fabio para, una vez lo tengan bajo su control, decírselo a los Panepinto. Sólo hace falta encontrarle a él y a Matty. Cuando preguntan a Mickey dónde están, éste les dice que no lo sabe, pero que suelen visitar un prostíbulo cerca de la Calle Wilson. Les da la dirección. Los chicos de la Avenida Dropsie ya tienen por dónde empezar a buscar.
Bombero intentando salvar el Ojos Azules

De vuelta al barrio, la calle está tomada por policías y bomberos. Donny está sentado en el bordillo frente a su bar, callado, ignorando a quienes se acercan a intentar consolarlo. Sólo reacciona cuando el Afortunado se sienta a su lado y le promete venganza. Logran llevarlo al Dropsie's para decidir entre todos cuáles serán los pasos a seguir

El speakeasy apenas se ha visto afectado por las llamas, así que la banda no lo ha perdido todo. Allí deciden alquilar un local pequeño y discreto cerca del río para liquidar este asunto; Perro Loco y el Labios se van para buscarlo. Unos minutos después, llaman a la puerta del Dropsie's. Se trata de Malone, que transmite a la banda, especialmente a Donny, su pesar por lo ocurrido. Informa a la banda de que la policía estará bastante presente en el barrio en los próximos días, ya que varios testigos dicen haber escuchado disparos; quizá por ello sería buena idea que el local no abriera hasta que las cosas se calmen.

Buonanotte se acerca al taller de Joe para hacer una llamada al gimnasio de Tony y excusarse por no ir a entrenar en un par de días porque está, ejem, enfermo. El entrenador se enfada bastante. Grita a Buonanotte: «¡Me tienes harto!» y le cuelga.

Antes de ir al prostíbulo en busca de Matty y Fabio, el Afortunado, Buonanotte y el Alambres van al Panepinto's para comer con Piero. Mientras todos (especialmente Buonanotte) se deleitan con los espaguetis con albóndigas que hay en el menú, el hombre de los Panepinto les confirma que el burdel no está controlado por la familia, pero que dada su ubicación, cerca de la Calle Wilson, es probable que forme parte del tinglado de los irlandeses; Piero les recomienda tener mucho cuidado: «Esos irlandeses están todos mal de la cabeza. A saber lo que podrían hacer si les tocáis las narices en su propia casa». En otro orden de cosas, dada la destrucción del Ojos Azules, a partir de ahora si se necesita algo de los chicos de la Avenida Dropsie el contacto se hará llamando al taller de Joe. Respecto a los pagos de la banda, a partir de ahora se realizarán en el Panepinto's los lunes por la mañana. Tras despedirse de Piero, los tres muchachos de la Avenida Dropsie regresan a su barrio, haciendo de camino un par de paradas para, con vistas a la tarea que se les presenta, comprar un par de sacos grandes de cemento y una botella de éter.


Manzana del almacén
Toda la banda se reúne en el Dropsie's. Perro Loco y el Labios informan de que han encontrado un almacén pequeño y en un sitio tranquilo, en los límites del Distrito Portuario, a escasos 30 metros del río, por 20$ a la semana. Por su parte, el Afortunado pone al día a los demás respecto a lo que Piero les ha contado. Elaboran el plan: el Afortunado, el Alambres y Buonanotte irán al prostíbulo con la furgoneta de Guido para cargar en ella a Matty y Fabio, para a continuación recoger los cuerpos de la barbería y trasladar a todos al almacén, mientras que Donny se ofrece para llevar hasta allí el taxi y así poder regresar al barrio.

Ojos Azules no pierde el tiempo. Recoge el taxi en el taller de Joe, lo aparca frente a su casa -al pie de los restos calcinados de su bar- y sube a su apartamento. A los pocos minutos baja con algo alargado envuelto en una manta; parece la sospechosa forma de una escopeta. Cuando uno de los hombres de la banda se lo cuenta al Alambres, éste sospecha de que quizá Donny quiera adelantarse a los planes y haya decidido ir solo al prostíbulo. Él, el Afortunado y Buonanotte se dirigen de inmediato a casa de Guido para pedirle las llaves de la furgoneta y a renglón seguido se dirigen a la casa de citas.

Cuando llegan a la tercera planta del edificio ven la puerta del negocio abierta y un cuerpo en el suelo. Se trata de un hombre pelirrojo con pinta de matón, pero respira; parece que simplemente está inconsciente, probablemente debido al fuerte golpe que parecen haberle propinado en la mandíbula. Más allá del recibidor se oyen sollozos: dos chicas, ligeras de ropa, están sentadas en el sofá de un salón, llorando e intentando consolarse mutuamente. Los tres chicos de la Avenida Dropsie se aventuran por el pasillo, repleto de puertas que dan a habitaciones donde hay más chicas sollozando y hablando con gran nerviosismo. En una de las habitaciones, aún en la cama, está el cuerpo de Matty con un gran boquete abierto en el pecho. Junto al lecho hay una chica desnuda que llora en silencio. En la última habitación se encuentra Donny, de pie a los pies de la cama, encañonando a su único ocupante: Fabio.


"Asegure sus transportes
con Éter Mallinckrodt"
Donny les cuenta lo ocurrido. Explicó al irlandés de la entrada que no quería causar problemas, que sólo venía a ajustar cuentas con alguien. Como no atendió a razones, tuvo que dejarlo fuera de juego con un culatazo de la escopeta. A continuación fue habitación por habitación hasta que encontró a Matty, con quien saldó por fin las viejas cuentas pendientes, y luego a Fabio, a quien mantenía retenido a la espera de que llegaran sus amigos. «Sé que no ha sido lo más prudente, pero era algo que tenía que hacer». 

Temiendo que los irlandeses puedan molestarse por lo ocurrido, el Alambres deja una nota (Por los problemas causados) y 200$ en el bolsillo del irlandés para que los encuentre al despertar.  Utilizan el éter para dormir a Fabio, lo visten y lo bajan a la furgoneta fingiendo que está borracho; también trasladan el cuerpo de Matty envuelto en una manta. Cruzan los dedos para no llamar demasiado la atención. También emplean el éter para dormir a los chicos de la Calle Edmonton que aguardan en la barbería de Leo y cargarlos en la furgoneta; Milo se encargará junto con sus chicos de limpiarlo todo.

Por fin, a media tarde los miembros más importantes de la banda se reúnen en el almacén recién alquilado: el Afortunado, Buonanotte, el Alambres, Perro Loco y el Labios. Los supervivientes de la barbería están colgados del techo como si de sacos de boxeo se trataran. Buonanotte entrena con ellos, excepto con Mickey, que se mostró colaborador. Le acaban diciendo que nada le pasará a su familia y que su muerte será rápida, no como la del resto de desgraciados. Tampoco aleccionan a Fabio, ya que si la historia de Chicago es cierta vale más vivo que muerto. Al menos de momento. Finalmente éste acaba despertando y le interrogan para averiguar si es verdad lo que Mickey les ha contado sobre su huida de Chicago, pero se cierra en banda; no sabe muy bien cómo salir de ésta, pero está seguro de que si confiesa es hombre muerto.

El Afortunado llama desde la cabina del primer bar que encuentra, a cinco minutos en coche del almacén, al Panepinto's. Habla con Frank, el camarero, y concierta un encuentro con Boldini. El sottocapo les recibe pocas horas después en la trastienda del restaurante y escucha la historia de lo ocurrido de boca del Afortunado. Bodini toma algunas notas y afirma que hará algunas llamadas a Chicago para confirmar. A renglón seguido viene el rapapolvo por haberse arriesgado a abrir la caja de los truenos con los irlandeses, motivo por el que aconseja a los chicos extremar precauciones en los próximos días y hablar con él antes de meterse en líos, que además pueden perjudicar a los Panepinto, con gente tan peligrosa. Al salir del Panepinto's, Buonanotte se lleva un plato de la deliciosa lasaña que Frank acaba de preparar. Tras regresar al almacén para informar al resto de la banda, finalmente allí se quedan el Afortunado, Buonanotte y el Labios. El Alambres, Donny y Perro Loco vuelven al barrio en el taxi.

Al día siguiente, el Alambres hace algunas llamadas a clientes del banco en que trabaja; son personas dedicadas a los negocios inmobiliarios que podrían tener un almacén que usar de manera permanente, aunque siempre dice que quien busca el local es otro cliente del banco. El Sr. Wesson, uno de quienes reciben la llamada del Alambres, dice tener un par de cosas que podrían ajustarse a las necesidades de quien busca el local.

Caraniño se pone en contacto con el Labios: han llamado de parte de Boldini al taller de Joe. El apostador va en taxi hasta el almacén para informar al jefe y llevarle hasta el Panepinto's junto con Buonanotte. En la trastienda del restaurante les espera Boldini, que les sirve unos whiskys (una cortesía que jamás hasta ahora había tenido con ellos). Al parecer la historia de Fabio se confirma y la gente de Chicago visitará el almacén en los próximos días para ocuparse del asunto. Hasta entonces, los chicos de la Avenida Dropsie deben custodiar al incauto. Este favor hecho a la organización de Capone puede resultar de mucha utilidad a los Panepinto, cosa que Boldini agradece a los muchachos. Brinda con ellos por la Avenida Dropsie y por un halagüeño porvenir.

Esa noche la banda liquida a todos los prisioneros que quedaban con vida y les pone zapatos de cemento a todos los cuerpos para a continuación arrojarlos al río Maumee. El día siguiente transcurre tranquilo. Buonanotte vuelve al gimnasio, donde Tony le echa una buena reprimenda y le amenaza con dejar de entrenarlo si no se lo toma en serio.


Fischetti
Al día siguiente, llaman a la puerta del almacén. Lo hacen dos tipos grandes, vestidos con traje, gabardina y sombrero. «¿Signore Manzini?». El Afortunado se presenta e invita a pasar a los hombres, que en lugar de hacerlo se echan a un lado para dejar pasar a un tipo de media altura y cara de buena persona; se trata de Charlie Fischetti, encargado de ejecuciones de la banda de Capone. Les llevan ante Fabio; Fischetti saca del bolsillo interior de su gabardina una foto y tras compararla con el rostro del tipo que está maniatado y amordazado en el suelo, se dirige a los chicos de la Avenida Dropsie: «¿Serían tan amables de dejarnos un momento a solas con el señor Ginese?». Todos salen del almacén, en cuyo interior se quedan los dos matones y Fischetti. Apenas tres segundos después de cerrar la puerta, desde el interior se oye un único disparo. La puerta se abre de nuevo, y Fischetti y sus dos hombres salen a la calle. Fischetti se dirige al Afortunado: «Nosotros hemos terminado aquí. Le agradecería mucho que se encargara del... bulto que les dejo ahí dentro». 

Esa misma noche, un nuevo cuerpo se une a los que ya empiezan a pudrirse en el fondo del Maumee.

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